Parir En El Temazcal

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El temazcal es un elemento muy importante dentro de la Medicina Tradicional Mexicana. Está hecho a semejanza del vientre de una mujer, es el vientre de la Madre Tierra, al cual se entra para una purificación no sólo física, sino también espiritual.

El temazcal como ritual ancestral fue y sigue siendo utilizado como medicina preventiva y curativa durante el embarazo, parto y puerperio. Las parturientas lo utilizaban con la finalidad de limpiar física y simbólicamente, además de ser el lugar de oración y conexión con la gran madre a la cual se le pedia  ayuda y asistencia para el parto.

El Temazcal durante el trabajo de parto y en el alumbramiento no se hace tan caliente como comúnmente es, en estos casos, la partera o guía de temazcal tiene que controlar la temperatura cuidando que no pase de 40° grados. Los nacimientos son asistidos frecuentemente dentro el Temazcal cálido por una partera tradicional. No solamente la calidez ayuda en la labor, sino que bebé nace en un ambiente que no es diferente al de donde viene, oscuro, cálido y húmedo, haciendo la transición más amena al mundo terrenal.

Tuve la fortuna de acompañar un parto dentro del temazcal en mi última visita a España y quiero compartir el relato para que sientan un poco la emoción de este sagrado momento y para que nos inspiremos y veamos que sí se puede nascer de formas diferentes:

Nacimiento de Yule

La historia para mí comienza en Brasil. Cuando Lilith, la madre de Yule, entró en contacto conmigo a través de las redes sociales. Miriam, una hermosa mujer que iba hacer el curso de Divino Pos Parto y Medicina Placentaria, nos colocó en contacto.

Al escuchar la historia Lilith, sentí una gran alegría, ella no sólo quería tener un parto natural, ella quería parir en el útero de la madre Tierra, el sagrado temazcal.

Ella había vivido en México y por diferentes razones tuvo que volver a España. Ella estaba buscando la forma de tener el parto que había soñado.

Al comienzo estaba todo un poco apretado porque la idea original era ir a Granada, España, sólo para dar las formaciones, pero dentro de mí quería poder hacer parte de esta hermosa historia.

Pienso que los seres vienen e invitan a su nascimento a quien ellos quieren, así que pensé que si Yule me quería, me esperaría, y así fue.

Al llegar, todo estaba muy apretado de horarios, tendría que ser en un horario muy específico para que yo pudiera participar. Así que lo entregue al universo, confiante de que así como todo hasta el momento había sido perfecto y sincrónico, seguiría siendo hasta el parto.

Me encontré con Lilith al segundo día de estar en Granada, conocimos el temazcal donde sería el parto en un bello lugar en la sierra de Granada.

Dentro de mí, algo me decía que el parto sería el domingo 17 febrero, el día en que yo terminaba los cursos por los cuales vine a Granada y una noche antes de mi viaje a Francia.

Si bien una parte de mí pensaba que era una locura acompañar el parto unas horas antes del vuelo, mi corazón me decía que era lo correcto.

El domingo en la mañana, Lilith rompió fuente y me mandó un mensaje muy temprano, avisándome que ya habían colocado las piedras para el temazcal. Ella estaba lista para parir, aunque aún no tenía contracciones. Yo estaba segura que el trabajo de parto comenzaría unas horas más tarde, le di algunas indicaciones por si yo no alcanzaba a llegar para acompañarla en la preparación del temazcal y me fui al último día de curso, muy atenta a las novedades.

Una de las grandes alegrias es que Dora, una de las participantes del curso, era una de las matronas disponibles para el parto de Lilith. De hecho, ella no podría estar si fuera el domingo en la noche porque tenía guardia en el hospital, pero hizo todo lo que pudo y al final sentí que Yule también quería que ella estuviera en su nacimiento.

Así que el último día estuvimos con Mirian y Dora muy atentas al progreso de Lilith que nos reportaba una de las matronas que estaba con ella.

El último día de la formación de medicina placentaria fue muy emotivo, todas estábamos muy conectadas y con la oxitocina al 100% así que cuando salimos del curso para acompañar a Lilith estábamos ya en una vibración femenina muy alta. Es difícil describir el estado en el que me sentía, pero si algo puedo decir es que era un sentimiento de amor y gratitud.

Al llegar a casa Atalaya, que es la casa de Mirian donde hay un lindo temazcal en el que iba a parir Lilith, mi sensación fue de entrar en otra dimensión.

Al llegar vi a Lilith cantando y enraizando profundo en la Tierra, acompañada por algunos amigos que la estaban ayudando con diferentes tareas.

Un fuego lindo cuidaba del espacio, la noche estaba despejada y una luna casi llena nos iluminaba. Inmediatamente le escribí a mi compañero que desde el apartamento que nos hospedaba me estaba sustentando y estaba pendiente de todos los detalles. Sin la fuerza que él me enviaba, creo que no hubiera aguantado todo el voltaje de esa poderosa noche.

Al saludar a Lilith casi que inmediatamente me pidió para poder entrar al temazcal, así que me preparé para entrar lo más pronto posible. Las abuelas ya estaban calienticas, el temazcal estaba vestido. Así que sólo pedí los permisos necesarios para comenzar la ceremonia, entregando mi corazón y confiando en que sería como el gran espíritu lo tenía dispuesto.

Al comenzar el temazcal entró Lilith, que estaba de trabajo de parto, en el poniente; al sur estaba Dora, con 21 semanas de gestación; al oriente estaba Mirian con Leenca, su hijita de 3 años y hacia el norte estaba yo. Recién cuando escribo estas palabras percibo lo profundo y perfecto del Gran Misterio.

Juntas hacíamos la rueda de la medicina, rueda que habíamos rezado unos días antes en el temazcal del Divino Posparto.

Comenzamos los cantos, el calorcito, los rezos. Yo cuidaba de la temperatura, Mirian nos ofrendaba cantos y Dora, plena en presencia, observava atenta a Lilith.

Bellas las tres Mujeres con sus hijos e hijas, sentía la poderosa medicina de la gestación, parto y maternidad. Todo ocurriendo en simultáneo delante de mí.

A medida que avanzaba el trabajo de parto, Lilith parecía más hermosa. La luz de la luna, que entraba por la puerta, la iluminaba en sus curvas perfectas. Su redondez me recordaba la Tierra y en cada contracción podía sentir la fuerza de todas las mujeres que paren.

Navegamos entre cantos, oraciones, abrimos y cerramos la puerta fluyendo a las necesidades de Yule y Lilith.

Al tocar el tambor sentía cómo llamaba al espíritu de Yule, las batidas me conectaban con su alma y cada vez lo sentía más cerca. Lilith sentía que no se abría pero yo podia ver claramente como sus huesos y sus carnes se estaban expandiendo gradualmente.

En un momento Lilith dijo que quería salir porque no se encontraba cómoda, llevaba mucho tiempo sin poder colocarse de pie, pero ella quería quedarse adentro del temazcal. En ese momento me puse en pie y le dije que se levantara, no sé si me escuchó o se levanto al verme levantada, pero se agarró fuerte del temazcal y yo sostenía la estructura de madera. El temazcal, por suerte, era alto lo suficiente para las dos estar en pie. Al poco tiempo ella me abrazó y se apoyó en mí estando de pie. Ella estaba muy conectada con la Tierra, yo intentaba animarla recordándole cómo la Madre Tierra la sostenía y le daba la fuerza que necesitaba.

Pocos instantes después ella defecó un poco, lo vi como una maravillosa señal de que el viento que cuida del parto estaba listo para ayudar a la salida de Yule.

Instantes después, al sostener a Lilith, sentí en mis manos cómo su cuerpo se abrió, todo sus ser se expandió, sus gritos llamaron el alma de su bebé y en este instante a las 23:10 nació Yule.

Dora cuido maravillosamente de este momento ayudando a recibir a Yule, Mirian nos sostenía con su amor.

La alegría nos inundó a todas, una bomba de oxitocina explotó en todo el temazcal.

Todas nos quedamos como una hora más adentro del temazcal, el padre de Yule entró para hacer parte de este milagro del cual él era parte. El hombre águila entró también y todos estábamos extasiados en los primeros instantes de vida de Yule.

Casi una hora después alumbró la placenta linda, gordita, redondita, unida a Yule. La placenta estuvo muchas horas unida a Yule protegiéndolo y cuidándolo hasta los últimos instantes de su vida.

Yo aún estoy asimilando la magia de este nacimiento, la medicina que estas mujeres me compartieron, agradeciendo el regalo que me dio Yule. Aún siento que no he aterrizado del todo, que la oxitocina me recorre y aprovechando este estado les comparto el relato de parto de Yule, el hermoso ser que nos calentó con la medicina del invierno.

Con cariño

Lalita Madhava- Medicina Herbal para Mujeres

Lalita Madhava
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